Gastón cuando le cuento le pone título a esta aventura, "epopeya", si se quiere a esta altura del Siglo XXI. Porque uno tiene un auto mucho más moderno, actualmente en producción, y sin embargo elige viajar en su sueño, en su
AUTO, como le digo yo, dejando de lado algunas ciertas e indudables ventajas. Y a partir de allí se comienza a disfrutar de algo diferente, de algo distinto. Vayan a preguntarle a Rosana, sino hubiera deseado el aire acondicionado del Duster en la ruta del desierto a la ida, por ejemplo.
Son viajes muy recomendables para hacer, porque veremos como viajaban nuestros padres hace medio siglo atrás, dejando tanta tecnología que nos termina estupidizando y anulando nuestra capacidad de improvisar arriba del auto. Uno es quién dirige al auto, no hay control de tracción, control de crucero ni cosa parecida. Apenas podía tocar la carburación, y apelar al auto blocante del auto. Y eso lo palpo en cada viaje donde uno ve maniobras sencillas como la superación de automóviles y demás vehículos en rutas de ida y vuelta, pero que parece al común de la gente acostumbrado a una autovía o autopista, les resulta algo como "extra-terrestre". Volví ayer de la costa, y no les puedo creer lo que se tapona el tránsito por la "paraplejia" conductiva del argentino medio que no se da cuenta que puede avanzar sin riesgos superando autos, y prefiere seguir en fila india, como si fuera un aburrido carnaval carioca durante cientos de kms. Ni hablemos de los anormales que eligen avanzar por las banquinas, con serio riesgo de no ser vistos y terminar en accidentes indeseados.
Fue un viaje bien a lo siglo XX, por lugares maravillosos, que espero repetir en más de una ocasión. No es sencillo por lo costoso, largo y sobre todo por las obligaciones laborales de cada uno. Pero siempre por la mente de alguien que ama la libertad que se alcanza en una ruta, detrás del volante de un
dan vueltas algunos proyectos a futuro que a lo mejor Dios permite que se concreten.
