Cerca de la década de los 80', luego de una jornada laboral, el lugar para donde mi abuelo trabajaba en Buenos Aires le propuso a él y a algunos de sus compañeros si podían y querían salir esa misma tarde hacia Córdoba, su tarea era entregar una flota de Torinos y regresar a Buenos Aires con una nueva que en allá los esperaban. Así fue como partieron.
Eran aproximadamente 10 Torinos si mal no recuerdo, rápidamente dejaron atrás los grandes edificios de la ciudad, ahora eran solo ellos en caravana transitando las lindas rutas de nuestro país.
Muy adentrada la noche llegaron a Córdoba, cansados luego de un día de trabajo mas un viaje de varias horas decidieron buscar un hotel lo antes posible, por suerte encontraron uno con suficientes camas para todos .
Cansados pero contentos de la gran experiencia que estaban viviendo, luego de dormir unas insuficientes 4 horas se levantaron, agarraron las llaves y pusieron nuevamente a rugir esos motores. Llegaron finalmente a lugar pactado, ingresaron por un bulevar con sus maquinas y no tardaron en notar las que estaban estacionadas esperándolos. Con el tiempo justo intercambiaron los papeles y las llaves, minutos después ya se encontraban nuevamente en la ruta.
Poco tiempo después de haber ingresado en la provincia de Santa Fé el hambre comenzó a hacer efecto. Se aproximaba el mediodía cuando pudieron ver que al costado de la ruta había un quincho donde se vendía asado y sin pensarlo dos veces todos pararon. La poca gente que había en el lugar se asombró de ver tantas maquinas juntas y en tan buen estado, con esta base entablaron una muy buena conversación en la que no tardó en sumarse el dueño de lugar, almorzaron todos juntos y compartieron experiencias de viajes y muchas cosas más.
Luego de este lindo momento, mi abuelo junto a sus 9 compañeros continuaron con la travesía. Cerca de las 18:00 hs afrontaron nuevamente al tumulto urbano. Llegaron sobre la hora al lugar donde debían dejar los Torinos cordobeses. Finalizado el trabajo, los 10 compañeros se despidieron entre sonrisas y se marcharon a descansar a sus casas.
Mi abuelo me contó que fue una experiencia muy linda y cansadora pero valió la pena. Pudo compartir muchas cosas y vivir nuevas experiencias.
Ojala que dentro de poco tiempo, con nuestra coupe, pueda recorrer los caminos por los que él transitó hace ya varios años y acordarme una y otra ves de su gran viaje.
¡Saludos Torineros!








